Hay artistas que, aun pisando los escenarios más grandes del país, eligen mantener los pies firmes en la tierra y la mente abierta al aprendizaje. Ese es el caso de Maggie, quien con una sensibilidad única nos recuerda que el verdadero camino de un músico se construye respetando los tiempos propios y honrando la identidad.
Maggie querida, gracias por hacerte un rato para charlar con nosotros! Tu voz suena con mucha historia de fondo. ¿Cómo fue ese primer encuentro con la música en tu vida y qué sonidos fueron los que te marcaron el camino para entender que tu lugar estaba ahí, en la canción de raíz?
Maggie: Mi primer encuentro con la música fue en mi casa; crecí en un hogar muy cálido en el que se le dio mucho lugar al arte y a la creatividad. Allí sonaban Mercedes Sosa, Los Beatles, Spinetta, María Elena Walsh, Cafrune, Violeta Parra, Chabuca Granda, Silvio Rodríguez, Charly García, Queen y James Taylor. Todos ellos son parte de mí y fueron los artistas que, sin saberlo, se convirtieron en mis primeros maestros.
Inconscientemente, me fui enamorando de nuestro folclore y de la música latinoamericana. Empecé a notarlo cuando, ya de adolescente, en mi celular tenía descargados incontables discos de artistas que quizás no eran los más escuchados por la gente de mi edad. Sin embargo, había algo en esa música que me apasionaba.
Así empecé a estudiar el folclore, a adentrarme cada vez más en la música de raíz, a aprender sobre los distintos subgéneros y, sobre todo, a moverme en ambientes donde podía vivir la música en vivo. Cantar en peñas y en cada lugar que pudiera me puso en contacto directo con nuestra identidad. Esos espacios, sin duda, fueron mi primera gran escuela musical.
¿En qué momento de tu vida te encontró la experiencia de ‘La Voz’? ¿Sentiste que fue una plataforma de despegue o mas bien un puente hacia donde querías ir?
Maggie: Lo que ocurrió con La Voz Argentina en el año 2021 fue muy particular para mí, principalmente porque yo no lo estaba buscando. No perseguía una plataforma que me hiciera comenzar de manera tan precipitada un proyecto musical de tanta exposición y con un ritmo de trabajo tan intenso. Al contrario, fui a jugar, a divertirme y a vivir una experiencia que me permitiera crecer y conocerme un poco más.
Para mi sorpresa, lo que encontré allí fue una vocación; un llamado que venía desde el centro de mi persona y de mi esencia. Sentí la necesidad profunda de dedicar mi vida a la música, de emprender este camino y de aportar, de cierta forma, a mi país a través de este don.
De ahí en adelante fue puro aprendizaje y trabajo. Sobre todo de ese que se vive a través de la experiencia y que no se aprende en los libros, sino arriba del escenario y en la vida misma.
A menudo se piensa que el éxito televisivo es un atajo, pero vos, en un punto, tomaste el camino largo. ¿Cómo nació la decisión de entrar a la EMC? ¿Qué cosas encontraste en el estudio de la música?
Maggie: Es verdad que estos programas televisivos otorgan una gran visibilidad en el corto plazo, pero creo que la clave está en respetar los tiempos de uno. Es importante entender que no hay un solo tren para tomar; si no estamos listos para subirnos al que viene, podremos tomar el siguiente cuando estemos seguros de poder hacerlo. Al menos, eso fue lo que a mí me sirvió.
Entré a la EMC porque es una escuela flexible que se adapta al ritmo de vida que llevo hoy y a los horarios tan particulares en los que nos toca trabajar a los músicos.
Para mí es fundamental estudiar lo que hago. Es cierto que aprendemos constantemente al viajar, al dar conciertos, al hacer notas o al escuchar discos; pero poder sentarnos en un aula a aprender armonía, audioperceptiva o arreglos es un verdadero lujo que agradezco mucho poder darme.
Hoy tu carrera está en un momento de mucha intensidad, con giras y escenarios grandes. ¿Cómo conviven ese presente tan activo con tu deseo de volver a las aulas y finalizar tus estudios?
Maggie: ¡Conviven como se puede! No voy a mentir: a veces es difícil lograr coordinar los horarios y hacerse el tiempo entre los viajes para estudiar las materias que, con el tiempo, se van poniendo más complejas.
Pero nos pasa a todos; a veces se anda a las corridas y otras veces un poco más tranquilos. Más allá del esfuerzo, aprender de música y tener un espacio para conectar directamente con el estudio es genial. A mí me hace mucho bien.
IG: maggie.cullen
SPOTIFY: Maggie Cullen
Es un orgullo inmenso que la EMC sea ese espacio de refugio y formación. ¡Gracias, Maggie, por tu generosidad y calidez de siempre.