Algunos viajes deben emprenderse con más preguntas que respuestas. Para Paz Carrara, dejar Córdoba fue un acto de “inconsciencia” necesaria que la trajo a Buenos Aires con una mochila, una guitarra y la curiosidad como motor. En su paso por la EMC, encontró no solo un espacio de formación técnica, sino un refugio donde la ciudad gigante empezó a sentirse como propia.
¡Gracias por recibirnos! Contanos un poco sobre esa Paz que vivía en Córdoba y decidió armar la mochila para aventurarse en Buenos Aires. ¿Qué miedos y qué certezas traías con vos en ese viaje, y cómo fue encontrarte con la realidad de formarte profesionalmente en una ciudad tan intensa?
Paz: Creo que la mejor palabra para describir a esa Paz es inconsciencia. Certezas no tenía ni una sola, pero por alguna razón miedos tampoco. Había venido pocas veces a Buenos Aires en ese entonces, y nunca la vi como más que la gran ciudad a la que iban los conciertos más grandes. Nunca me imaginé viviendo acá, no era un sueño para mí. Pero sin embargo sí fue un sueño de vivir. La ciudad te abraza o te expulsa, y a mí me abrazó un montón muy inesperadamente. La escuela sobre todo ese primer año fue bastante clave, porque pasaba mucho tiempo ahí (mucho más del que cursaba), y en ese momento yo me sentía viviendo mi mejor peli; también lo recuerdo así.
Uno de los pasos más complejos es el encuentro con la industria y la búsqueda de un equipo. ¿Cómo fue para vos aprender a distinguir entre quienes solo veían un negocio y quienes realmente lograban ver tu proyecto y tu sensibilidad? ¿Cómo se protege la esencia de una canción cuando aparecen las presiones del mercado?
Paz: La intuición es algo que creo que he subestimado mucho en el pasado y ahora es mi principal termómetro para leer las intenciones de la gente. La verdad, si uno presta atención y no se deja llevar por la desesperación que implica tener un proyecto artístico independiente (que es muy difícil a veces), es muy fácil darse cuenta con quién sí y con quién no. Intento estar atenta a eso todo el tiempo, mismo con la música y cómo hacerla. Priorizo que las cosas tengan sentido y no hacer nada por hacer, porque aunque a veces la industria te haga creer que sí, la realidad es que no hay una fórmula para tener una carrera en la música y “que te vaya bien” (sea lo que sea que implique eso). Creo que esa es la forma de cuidar un poco lo que hago… Además de tener un equipo en el que confío y con el que puedo debatir en qué cosas vale o no vale la pena poner ciertos focos, y que no sea algo que se hace porque “se tiene que hacer”.
Hoy tu música te lleva a cruzar fronteras y conectar con personas que quizás viven realidades muy distintas a la tuya. ¿Qué se siente al descubrir que una melodía que nació en la intimidad de tu proceso creativo se convierte en el lenguaje que te permite habitar otros países y corazones?
Paz: Creo que esa es la retribución más linda y más grande que puedo esperar de la música. Que lo importante de mi expresión sea que otros puedan encontrarse ahí, identificarse, sentirse parte de algo. Ahí es cuando todo definitivamente cobra sentido.
Si mirás hacia atrás, a las canciones que escribías cuando recién empezabas, ¿cuánto hay de aquella Paz en la artista que sos hoy? ¿Cómo han evolucionado tus canciones y cuánto ha cambiado tu forma de entender la música?
Paz: Un montón hay la verdad. Fui aprendiendo cómo me gusta decir algunas cosas y demás. Pero me dan un montón de orgullo todas mis versiones pasadas, y creo que puedo defenderlas y entender desde dónde hacían las cosas. Hay algo que siempre estuvo y está presente: la composición para mí es el entendimiento de lo que me pasa, los procesos que hago, entonces siempre hay algo que está bastante desnudo y crudo de alguna manera. Siento que sigue siendo así.
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Hay alumnos que pasan por la EMC y dejan una marca, no solo desde lo académico sino también desde lo humano. Ese es el caso de Paz, quien desde el primer cuatrimestre conectó con alumnos, profesores y staff, encontrando una palabra, un mate, una canción. Es un orgullo haber acompañado, aunque brevemente, tu camino en la música. ¡Gracias por tu confianza y tu tiempo!