El mundo te va pidiendo tu propia evolución

Santiago nos cuenta cómo la formación en la EMC fue el puente hacia Berklee y su presente liderando proyectos con artistas internacionales en Miami.

El mundo te va pidiendo tu propia evolución

Santi, cómo estás? Gracias por esta nota. Para muchos, la EMC es ese lugar donde el sueño de llegar a Berklee empieza a volverse realidad. En tu experiencia, ¿cómo fue el proceso de sentir que la Escuela no solo te formaba y capacitaba musicalmente, sino que también te preparaba y te daba la confianza para cruzar ese puente?

Santiago: Para mí, la EMC fue el primer lugar que me permitió jugar y explorar con otros músicos el desarrollo de sonidos y estilos; muchos de ellos siguen siendo mis amigos hoy, diez años después. Fue un ambiente de mucha motivación que me impulsó a seguir creciendo, rodeado de profes que daban todo para que alcancemos nuestra mejor versión.
Nunca me voy a olvidar de la exigencia de Fernando Martínez marcándome con el cowbel en la oreja cada vez que me iba del clic, o de las horas extra que dedicó Ale De Marinis para que mi forma de sentir el ritmo tuviera más alma y no fuera algo mecánico. Ricardo Nolé y Tatiana Castro me enseñaron a realmente tocar el piano y a nadar dentro de distintos estilos, mientras que Daniel Johansen, con su rigor en la Project Band, nos ponía esa presión necesaria para que cada proyecto fuera sólido.
Por otro lado, la formación en armonía con Gaby Toker, Camilo Reiners y el ‘Pollo’ Raffo fue tan completa que me permitió saltearme dos años de esa materia al llegar a Berklee. Y ni hablar de las clases de audioperceptiva con Cande Molina, que es la habilidad que más desarrollé en este camino y más trabajo me ha dado en la vida. Todos esos momentos, compañeros y profes fueron forjando mi carácter y reafirmando la confianza para animarme a dar el salto a la audición en Boston.

El sueño se hizo realidad y llegaste a Boston: no solo estudiaste en Berklee, sino que te recibiste con honores. ¿Cómo fue para vos esa transformación personal y musical? Y en ese proceso, ¿qué tan importante fue —y estimo que lo sigue siendo hoy— la red de contactos que tejiste tanto en la EMC como en Berklee para sostener tu presente profesional?

Santiago: La transformación fue gigante en todo sentido. Pasé de graduarme con excelentes notas y tocar con todo el mundo en la EMC, a llegar a Boston y entender —como un baldazo de agua fría— que todavía estaba lejos del nivel de los músicos más profesionales.
Al haber empezado en la música de adolescente, ver a tantos talentos que tocaban desde los tres años fue un momento que me puso en mi lugar. Elegí ver a esos compañeros como una fuente de inspiración y motivación. Me resultó fundamental entender que la verdadera competencia es con uno mismo; mirar hacia los costados solo sirve si podés usarlo para alimentarte de energía positiva y no para abrumarte. En ese proceso, mi red de contactos de la EMC fue clave. Llegué a Boston con Nico Ejchenbaun, también egresado de la escuela, y nos empujamos mutuamente para crecer. El apoyo emocional es vital cuando estás lejos de tu familia. Hace tres años decidí mudarme a Miami casi sin conocer a nadie y me tocó armar una red desde cero. Poco a poco fui convenciendo a varios amigos para que se mudaran también; hoy, mi círculo en Miami y la gente con la que más trabajo siguen siendo mis compañeros de la EMC: Nacho Colombini, Gudy Prada y Alejo Topet. Estudiamos juntos en Buenos Aires, luego en Berklee y ahora estamos trabajando con muchísimos artistas acá.

Tu camino desde Buenos Aires hasta hoy, que te encuentra trabajando en Miami, refleja una búsqueda constante; un cambio permanente. ¿Qué tan importante es “no quedarse quieto” en una profesión tan exigente y volátil? ¿Cuánto hay de curiosidad y cuánto de disciplina en ese motor que te mantiene abriendo puertas?

Santiago: No quedarse quieto es imprescindible para crecer. Uno de mis mayores fuertes ha sido la versatilidad, algo que mis profesores de la EMC y luego de Berklee siempre me inculcaron. En Argentina yo creía ser disciplinado porque cumplía con lo que se me pedía, pero al llegar a Estados Unidos entendí una forma de trabajar diferente. Comprendí que a partir de cierto nivel, tocar muy bien es algo que se espera de todos; el secreto está en ofrecer un valor agregado. Yo decidí que no quería que me vieran solo como instrumentista, así que combiné mis conocimientos de arreglos y armonía con mi capacidad de liderazgo y empecé a proyectarme como Director Musical.
Ese cambio de perfil me abrió un nuevo viaje: empecé a frecuentar eventos y jams locales, y a los pocos meses ya estaba trabajando como director para Alemor (nominada al Latin Grammy) y participando en shows con artistas como Luis Fonsi y Sebastián Yatra. Luego se sumaron Alex Ponce, Timo, Micro TDH y muchos otros. Incluso me adentré en el Hip Hop dirigiendo a Waka Flocka Flame y Ja Rule cuando vienen a Miami.
El año pasado decidí sumar la producción musical, logrando créditos con artistas como Danny Ocean. Nada de esto hubiera sido posible sin una sana combinación de disciplina, curiosidad y ganas de reinventarse. Son valores que vengo cultivando desde mi tiempo en la EMC: el mundo te va pidiendo tu propia evolución.

Hoy vivís la realidad del músico en Estados Unidos, pero mantenés un vínculo fuerte y enraizado con Argentina. ¿Cómo conviven esos dos mundos en tu día a día y de qué manera esa identidad ‘dual’ te ayuda a decidir hacia dónde llevar tu música? ¿Qué le dirías a quien hoy estudia música en Argentina y siente esa misma incertidumbre sobre su futuro?

Santiago: Es una pregunta difícil; a veces ni yo mismo lo sé del todo. La música argentina me acompaña siempre; es el fundamento de lo que entiendo que debe ser una canción, desde Charly, Spinetta y Fito hasta Cerati y Calamaro. Sin embargo, también me he nutrido de la música de Brasil, de España, del jazz, del blues y del hip-hop. Todos esos elementos le dan forma a una personalidad musical que fluye según lo que necesite cada proyecto.
A quien hoy estudia en Argentina, le diría que intente probar todo lo que tenga ganas lo más temprano posible y que satisfaga cada curiosidad que aparezca. A veces descubrimos una facilidad propia para ciertas cosas, y otras es el entorno el que nos indica que hay un nicho o un mercado que no estamos explorando y donde nos podría ir muy bien.
Salir a buscar y mostrarse es vital. A veces esperamos que el talento hable por sí solo y que nos vengan a buscar porque tocamos bien, pero mi experiencia me dice que hay que moverse. El secreto está en encontrar el equilibrio: mostrar lo que hacés de manera genuina, sin arrogancia y siempre con la intención de servir a la música. Es importante que te vean, pero sobre todo, que te vean trabajando con compromiso.

IG: @Galeanosanti_


El camino de Santiago, desde las aulas de la EMC hasta los grandes escenarios internacionales, es un reflejo de esa evolución constante que lo define. Para nosotros es un orgullo haber sido la base de su formación y ver cómo hoy, desde Miami, sigue estrechando lazos con sus raíces y sus compañeros de siempre. ¡Gracias, Santi, por inspirar a las nuevas generaciones a animarse al salto!